domingo, 25 de septiembre de 2016

postheadericon ¿ APICULTURA URBANA ? ...NO, GRACIAS

Asiente - y serás cuerdo - 
Disiente - y de inmediato serás el peligroso - 
Y te pondrán Cadenas .

Emily Dickinson


Todo el mundo parece maravillado con la Apicultura Urbana. No es mi caso. En un ejercicio de asertividad nada fácil, sabiendo que voy en contra del "discurso de valores dominantes", y tratando de no aferrarme a la necesidad y el deseo de aprobación y aceptación por los demás, me atrevo a compartir contigo mi opinión sobre este tema. Próximamente, publicaré también en el blog los dos artículos que sobre apicultura urbana escribí para la revista Apicultura Ibérica, sobre el origen e historia, así como las ventajas, inconvenientes y conflictos de las abejas en las ciudades, con una visión más ecuánime e imparcial sobre esta cuestión.

Si Thoureau hubiera sido apicultor y vivido en nuestros días, nunca hubiera colocado sus colmenas en la azotea de un edificio en una gran ciudad. Después de haber conocido y leído parte de su vida y obra, estoy totalmente convencido de ello. Yo, por sus mismas razones,tampoco lo haría. Y es que para todos aquellos que, como Thoureau, teñimos de trascendencia cada uno de nuestros encuentros con la naturaleza, acceder al colmenar mediante un ascensor lo arruinaría todo. Es posible que, si también te consideras hijo de Félix Rodríguez de la Fuente, tocado además por la varita de Araújo o tienes tu "Walden" personal, sientas lo mismo.

No me imagino llegando a mis colmenas de otra forma que no sea atravesando la espesura del encinar cerrado ,a veces, por un manto de jaras o una cortina de retamas, o surcando el mar de pasto de la dehesa, con el coche mecido por el suave oleaje de chupamieles, cantuesos y dientes de león.

"Ir de colmenas" implica, para mí, un "antes", un "durante" y un "después". El "durante", cuando abro la colmena, se convierte en una auténtica experiencia de "mindfulness ", un ejercicio de atención plena donde no soy consciente de nada de lo que me rodea más que del movimiento de las abejas sobre los cuadros y alrededor de mi cabeza, así como del olor que emana de su interior al levantar la tapa. Pero el "antes" y el "después" también forman parte de la experiencia y, durante el viaje de ida, así como cuando vuelvo a casa, mis sentidos, en estado de alerta, no dejan escapar un detalle de cuantos sonidos, olores y colores, incluso sabores,la Naturaleza me ofrece a cada segundo, aceptando gustoso - en este caso - el juego de la _hiperestimulación_, ese que tanto me abruma y aturde en la vida diaria cuando procede de fuentes y elementos que no tienen su origen en la madre Natura.

Podría, no obstante, en un momento dado y si no tuviera otra opción, ubicar mis abejas en lo alto de un edificio y prescindir de la intensa emoción del "antes" y del "después", y quedarme tan solo con el instante mágico de abrir la colmena. Si viviera en una ciudad y no tuviera ninguna otra posibilidad de ser apicultor más que así, lo haría, y es por eso  que entiendo y respeto de corazón a esos neoyorquinos, londinenses y tantos otros habitantes de ciudades que lo hacen.

Otro de los motivos por el cual nunca ubicaría mis abejas en una gran ciudad sería por la calidad de la miel y los productos obtenidos de ellas. No me imagino consumiendo ni utilizando el polen o el propóleos recolectado por mis abejas en la ciudad, encapotada con frecuencia por nubes de contaminación, donde la deposición de partículas contaminantes sobre las plantas es un hecho constatado.

De nuevo, y si no tuviera más remedio que ser apicultor en la ciudad, podría prescindir de mis escrúpulos y consumir los productos obtenidos. A fin de cuentas, podría convencerme a mí mismo y pensar que todo es cuestión de "dosis", que **Paracelso** tenía razón cuando dijo que _"nada es veneno, todo es veneno: la diferencia está en la dosis"_, y, por lo tanto, habría de consumir muchos kilos de productos, durante mucho tiempo y altamente contaminados para que la "dosis" de estos produjera efectos perjudiciales en mi organismo. Este razonamiento y concepto de la "dosis" y la relación "causa/efecto",no obstante, podrían discutirse, y difícilmente me convencería, ya que la _epigenética _lleva años enseñándonos que realmente "somos lo que comemos", como también lo son las abejas, que en función del alimento que reciba la larva nacida de un huevo fertilizado puesto por la reina, su código genético (los genes encerrados dentro de ese huevo y que lleva la larva recién nacida) se expresarán de una forma o de otra, dando lugar a una reina o a una obrera. Por lo tanto, no sólo importa la cantidad, también la calidad, no todo depende exclusivamente de la dosis, sino de la "cualidad" o calidad de esa dosis.
Pero como digo, si no tuviera más remedio, podría hacer de tripas corazón y comerme la miel y el polen y no darle vueltas ni plantearme estas cuestiones.

Pero hay un tercer y último motivo por el cuál no pondría mis colmenas en la ciudad. Y este sí que es un escollo insalvable para mi, para el que no tengo "peros" ni "no obstantes", y es el hecho de que las abejas pueden ser molestas, incluso dañinas y peligrosas , para otras personas.  Hay quien tiene problemas psicológicos con ellas y sienten pavor ante la sola presencia de una abeja en sus inmediaciones; hay quien tiene problemas de salud relacionados con ellas, como es el caso de muchos alérgicos a su picadura, y hay quien no se enfrenta a ninguno de estos dos problemas pero que no tienen por qué aguantar ni picaduras ni sufrir molestias mientras nosotros disfrutamos de nuestro hobby. 

Conozco de primera mano todos estos inconvenientes; no he tenido abejas en la ciudad pero sí en una zona de la periferia urbana, a 500 metros del casco urbano y a 30 metros de viviendas habitadas durante todo el año. No lo hice a voluntad, fueron caprichos de los enjambres y otros azares del destino y, aún sin abrir nunca las colmenas, mis abejas fueron realmente molestas para estos vecinos: picaduras; cientos de abejas bebiendo en las macetas recién regadas o en la piscina durante el verano; abejas colándose e inundando la cocina atraídas por olor de ciertos alimentos; temor por los niños pequeños de las casas que, atraídos por el movimiento de las abejas en su zona de juegos,las querían atrapar igual que hacían con las hormigas; incidentes con visitantes de mis vecinos que accedían a la zona de las abejas en mi ausencia, etc, etc.

Mi naturaleza, un tanto introvertida y sensible, hacía mía la zozobra de esas personas. Este rasgo de mi carácter es el que hace que normalmente piense antes en el bienestar de los demás que en el mío y que me obsesione con no hacer nunca daño a nadie, ni con mis palabras ni con mis actos, y si coloco mis colmenas en la azotea de un edifico sé que habrá personas perjudicadas. Nuestra libertad para hacer lo que queramos acaba donde empieza la de nuestro vecino. Y como creo que puede que no todo el mundo tenga la suficiente sensibilidad como para pensar primero en el bienestar de los demás y luego en el suyo, son los poderes públicos, las autoridades competentes,los que deben velar por aquellas personas que puedan verse afectadas, y la forma de hacerlo es no permitiendo, de manera legal, tener abejas cerca de los cascos urbanos y/o viviendas habitadas, y mucho menos dentro de ellos. Es por ello que la legislación actual (Real Decreto 209/2002, por el que se establecen normas de ordenación de la explotaciones apícolas; artículo 8 ) prohíbe la ubicación de colmenas a menos de 400 metros de centros urbanos y núcleos de población, y colocarlas en la azotea de tu vivienda

La subespecie de abeja que habita la Península Ibérica, Apis mellifera iberiensis, tiene un comportamiento defensivo notablemente más acusado que otras subespecies que se utilizan en la apicultura europea y de otros países del mundo, lo cual la hace poco recomendable para su manejo en entornos habitados. Estas otras abejas más dóciles y manejables, como son la cárnica, lingustica (italiana) o líneas como la Buckfast, son las que aparecen en los vídeos realizados en las ciudades europeas y que inundan Internet y las webs de apicultura urbana, donde apicultores sin protección alguna, manejan panales y abejas como si de moscas se tratara.

Traer estas otras abejas a nuestro país para utilizarlas en las ciudades -como parece estar ocurriendo- no tiene sentido y puede ser incluso más contraproducente aún que utilizar la nuestra. Al poco de volar sobre los cielos de nuestras ciudades, acabarán reproduciéndose y cruzándose con las abejas autóctonas, perdiéndose para el apicultor que las hubiera traído y, además, resultando este cruce en abejas más defensivas aún si cabe que la autóctona.

Es por todo esto que digo "abejas en las ciudades sí; colmenas en las ciudades no". Las abejas son ya habitantes habituales de nuestro hábitat urbano,sin ser necesario que ningún apicultor instale colmenas en el balcón de su casa. Disfruto de ellas en cada planta en flor de mi ciudad y de otras que visito, sin existir apicultores urbanos en ellas. 

Cuando digo que no estoy de acuerdo con el hecho de que se permitan colmenas y apicultura en la ciudad, me estoy refiriendo a que cualquier persona pueda colocar una colmena en el patio de su casa para obtener los productos propios de las abejas, realizando el manejo apícola habitual que realiza el apicultor para ello. Otra cosa muy distinta serían las colmenas en manos de asociaciones de apicultores expertos, jardines botánicos o cualquier otra institución o entidad con fines educativos y divulgativos que utilizan las abejas y su mundo en tareas de educación ambiental y ciudadana, así como aquellas destinadas a fines científicos o técnicos (estaciones de monitoreo de la calidad ambiental del aire, por ejemplo). Para este tipo de uso estoy totalmente de acuerdo en que pueda permitirse y regularse, siempre bajo unas condiciones de ubicación, control y manejo específico. Pero eso es una cosa y otra muy diferente es hacer apicultura en la ciudad.

Decía Thomas Mann que "una gran verdad es una verdad cuya contraria es también una gran verdad" (Ensayos sobre Freud).

Esto que has leído es mi verdad, fruto de mi personalidad y experiencia; a buen seguro  tú tienes la tuya, contraria a esta que yo expongo y, probablemente, como señalaba Thomas Mann,tan verdad como la mía. Es por eso que te invito a que me escribas y me la envíes, la publicaré encantado a modo de réplica y así todas las voces, opiniones y motivaciones serán escuchadas.

P.David Quesada
desdelapiquera.com


15 comentarios:

Encinar dijo...

Todos tenemos la razon, todos poseemos la verdad, LA NUESTRA, coincidir o no depende de muchos factores y de la idiosincrasia y el temperamento o forma de ser de cada persona, hay puntos en los que estoy de acuerdo contigo, en otros no, en absoluto, y como tampoco deseo entrar en discusión de quien tiene la razon ni posee la verdad, pues ya lo he dicho al principio de mi comentario, ten tu opinion y forma y manejo de las comenas, que yo sigo y las sigo trabajando a nivel de particular disfrute de las mias, y yo si estoy de acuerdo en la apicultura urbana. Esto debe ser como la comena tipo layens, una colmena inventada en Francia, que los franceses no utilizan, y tan solo en Portugal y España, y poco mas es utilizada por profesionales. O nosotros somos muy habiles, inteligentes, "listos" etc Españoles y Portugueses, y el resto del planeta inutiles,?, o Quizas sea al reves, traslada si ello es factibler este comentario a la conveniencia, utilidad o no de la apicultura urbana. Y sobre calidad de las mieles.... si no fuera por Francia no sabriamos la mierda que nos llega o que incluso consumimos en España de mieles y algunas no de importacion de china con nombre y apellidos, sino ocultas bajo una marca comercial, tu que eres veterinario y especialista en apicultura,!que dices de las mieles que hay en estanterias de tiendas, supermercados, y FERIAS...!, no quizas es mejor no saber y mirar al cielo?. es todo quizas mas facil pero a la vez mucho mas complejo. la realidad (no la verdad) sacarla a la luz puede ser comprometido para la persona que se atreva a hacerlo, y mas en comunidades ciertamente cerradas de profesionales y que se comentan en los colegios y sus reuniones, pero no pueden salir a la luz del publico consumidor, e informado " a conciencia", Saludos, y aún así me sigo considerando tu amigo.

P.David Quesada dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
P.David Quesada dijo...

Hola Encinar, gracias por participar y opinar. Efectivamente, lo que digo en este artículo no es LA VERDAD, sólo mi opinión. Agradezco de que des la tuya, espero que otros se animen, no para discutir, que no es el objetivo, sino para abrir debate e intercambiar opiniones. Respecto a la calidad de las mieles, totalmente de acuerdo contigo, nunca he sido partidario (y me lo han pedido en ocasiones) de desacreditar las mieles chinas porque sí o de poner a las mieles "extranjeras" como malas y la nuestra la mejor. La nuestra, por definición, no es la mejor porque sí. Ya quisiéramos aquí, por ejemplo tener la normativa y condiciones de extracción que tienen en otros países, seguramente estaría prohibido(o debería estarlo) extraer la miel en el campo en pleno suelo al aire libre o en un camión en las condiciones de higiene que yo mismo he podido comprobar cuando he acudido con algún apicultor profesional a este tipo de extracciones. Y esto es sólo un ejemplo, sabes bien como apicultor que hay más cosas.
Un saludo
David Quesada

Gustavo dijo...

Estoy completamente de acuerdo con tus reflexiones... ademas que en un principio las abejas urbánitas se crearon para el control de polución... no se entiende que se hable de consumo de miel de colmenas de ciudades... veo mucho oportunista... un saludo

Nacho dijo...

Me encanta esta entrada. Has sabido expresar y poner por escrito lo que yo siento cuando voy y estoy en las colmenas. ¡No hay mundo a mi alrededor!.
Pero por otro lado la apicultura da para mil y un debates. Pero centrandonos en este hay que reconocer que las abejas son molestas (no agresivas) y mas las nuestras. Hay dias, por alguna razón desconocida, se comportan de una manera mas defensiva que otras. Y es en estos días cuando me gustaría escuchar a los vecinos.
Por otro lado, la introducción de abejas/moscas para poder trabajar agusto puede producir, como bien dices, un efecto poco deseado. Lo digo por experiencia propia, el primer año son dóciles, pero al siguiente, cuando empiezan a cambiar las reinas, se convierten en MIURAS. No hay quien se acerque a ellas. Mucho cuidado con los híbridos.
Por último, bienvenido de nuevo. Y el aspecto de la página es lo menos importante. Lo que realmente importa es lo que está contenido en ella.
Un abrazo.
Nacho

P.David Quesada dijo...

Hola Nacho, muchas gracias por tu comentario.
Respecto a los MIURAS, esos toros bravísimos, se quedan cortos para el nivel defensivo de los híbridos, al menos las italianas con la negra ibérica en su segunda generación. Con las Buckfast no sé qué ocurrirá, pero el problema se acerca: este año ha entrado en mis colmenas un enjambre Buckfast y en Zafra se han capturado algunos esta primavera...y todo porque un apicultor que se está iniciando en apicultura en un pueblo a 5 km del mío las ha comprado para sus colmenas. Este es otro tema de debate y que dará para otra entrada en el blog.
un fuerte abrazo

Nacho dijo...

Nosotros compramos unos enjambre de Buckfast de un criadero que estaba situado en Canarias. Recuerdo que cuando fuimos a pasarlas a caja se nos olvidó el ahumador y era un día de primavera en el que había una poquita niebla y hacía mas bien frío. Las abejas ni se movían (¡¡¡que delicia!!!). El problema vino en los años sucesivos. Nos sentían acercarnos y nos comían. Como sería la cosa que cuando íbamos a quitar las alzas esas colmenas se quedaban siempre para el final. Las temíamos. Se tiraban a la carilla como endemoniadas y desprendían un olor fuerte cuando chocaban con nosotros.
Gracias a Dios eso se terminó. Cuando me dicen de probar con alguna raza mansa digo que "mansas las mías trabajándolas con delicadeza".
Esa es mi experiencia con la Buckfast.
Un abrazo para ti también.
Espero verte en el Congreso de Granada.

Francisco Melado dijo...

Un artículo muy refrescante. Personalmente me siento muy próximo a lo que expones sobre el respeto a tus vecinos. Quienes tienen animales en casa normalmente no son conscientes de las molestias que causan a sus vecinos (por muy respetuosos que sean, o que se crean). Éste es motivo suficiente para mí para rechazar la idea de tener, o permitir tener, una colmena en un vecindario.
No obstante, hay un aspecto de la apicultura urbana que debe tenerse en cuenta, y es su enorme potencial para la educación ambiental. La presencia de animales no domesticados en la ciudad proporciona un importante servicio a los que vivimos en estos espacios súper transformados, recordándonos, sin que nos demos cuenta, que el baldosín "limpito" en que vivimos está en realidad en medio del campo.
Por otra parte, existe una diferencia importante entre el comportamiento de una colonia sola, mantenida con un manejo no invasivo en un espacio apropiado, y el de una fila de colmenas en producción colocadas pared con pared, a las que se ahúma cada dos semanas. Por otra parte, las abejas no son los únicos himenópteros que producen alergias (ni el único alérgeno en nuestras vidas), y además su incidencia en la sociedad es bajísima (1 de cada 10.000 personas). El asunto de la alergia se exagera mucho.
¿Apicultura urbana? En mi opinión, sí, en determinadas condiciones.

P.David Quesada dijo...

Bueno Nacho...pues listos vamos entonces con las Buckfast; el tema dará que hablar, al menos yo aquí en el blog prepararé una entrada que llevo mucho tiempo rondando por la cabeza. Un abrazo y sí, espero dártelo en persona en el Congreso de Granada, desde aquí animo a todos a ir.

P.David Quesada dijo...

Hola Francisco Melado, gracias por tu comentario. Como ves estamos de acuerdo en algo, apicultura urbana con fines educativos sí, eso digo en el artículo. Respecto a las alergias, evidentemente, hay otros alergenos y otros himenópteros. Concretamente las alergias a picaduras de avispas son más peligrosas pues son más difíciles de evitar y controlar que las de las abejas, y son realmente frecuentes, creo que más que la alergia a las abejas pues la población está más expuesta a ellas y sus picaduras y el ínidice de alérgicos a ellas es mayor. Pero en el artículo, la alergia a su picadura no es un argumento en torno al cuál me entretengo mucho, ni justifico su prohibición en base a ello, como ves sólo lo menciono, entre otras cosas, y concluyo que da igual que las personas no sean alérgicas o no les de miedo, que simplemente no tienen por qué aguantar picaduras y molestias por nuestro hobby. ¡Habría que prohibir todos los alergenos en la ciudad ! ¡Acabaríamos locos!.
En fin Francisco, creo que no se trata de prohibir, sino más bien de poner un poco de cordura y regulación en todo esto para evitar que cualquiera que quiera pueda colocar un puñado de colmenas junto a una vivienda. Cuando digo cualquiera me refiero principalmente a personas inexpertas, que se inician en este mundo después de ver vídeos en internet y sin conocimentos verdaderos del comportamiento de las abejas cuando se las maneja. Yo mismo he tenido colmenas en zona periurbana, a escasos metros de viviendas habitadas, sí , una o dos colmenas solas y aisladas, no una fila, las cuales no había tocado nunca, y sólo el hecho de levantar un poco la tapa para mirar un día acabó con dos picaduras a un vecino.
Un saludo

Guillermo Gomez Garcia dijo...

genial!!!

P.David Quesada dijo...

Hola Guillermo, gracias!

Emilio Garcia dijo...

Buenas.
A modo educativo no me parece mal, buscando lugares que resulten lo menos molesto para el vecindario.
A efectos de poder disfrutar de los productos de la colmena no lo veo. En una ciudad, con el tráfico, la gran cantidad de partículas en suspensión,etc... Que calidad de miel obtendriamos?

Anónimo dijo...

Estoy de acuerdo con lo que has manifestado David y te doy mi enhorabuena por la sensibilidad de tu personalidad.
Un saludo.

P.David Quesada dijo...

Hola "anónimo",muchas gracias. Al publicar algo así asumes que no a todo el mundo le va a gustar, y estoy preparado para ello, pero se agradece saber que hay quien está de acuerdo.
Un saludo fuerte,
P. David Quesada
desdelapiquera.com

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P.David Quesada
Extremadura, Spain
Me licencié en Veterinaria,especialidad de Zootecnia y Producción Animal, aunque siempre me interesé por animales y seres más propios de un biólogo. Me embeleso, casi medito, observando el ir y venir de las abejas por la piquera y escuchando el zumbido del colmenar.
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