domingo, 6 de noviembre de 2011

postheadericon NOSEMA Y LOS ABEJARUCOS

 P. David Quesada

Con la colaboración de Alfredo Jesús Escribano (*)
(*) Licenciado en Veterinaria; PhD student en la Facultad de Veterinaria de Cáceres 
(Universidad de Extremadura)


Si te digo que la chica de arriba, que tan cariñosamente sostiene a ese abejaruco, es apicultora, no lo creerás. Pero así es, al menos eso dice el pie de foto de la web de donde la tomé

Y es que a los apicultores generalmente no les gustan nada los abejarucos. A mi, sin embargo, al igual que a la chica de la foto, me encantan, no lo puedo evitar, y si eres apicultor espero sepas perdonarme.Me deslumbran sus planeos y su vuelos tras las abejas, su colorido, y sobre todo su canto cuando lo escuchas de cerca. También me maravilla su descaro cuando casi te golpean la cabeza mientras abres tus colmenas; escuchas entonces, en la soledad del monte, como cortan el aire a su paso junto a ti.

El abejaruco europeo o común (Merops apiaster), es denominado en inglés "bee-eater", comedor de abejas; si estás leyendo esto y eres ajeno al mundo de la apicultura comprenderás ahora por qué a los apicultores no sólo no les gustan, sino que gastan todo tipo de artimañas para ahuyentarlos de sus colmenares, llegando incluso a veces a tratar de controlarlos mediante su caza, lo que ha derivado en algún que otro contencioso legal que ha supuesto una importante sanción económica para el apicultor, pues el abejaruco es una especie protejida por la legislación medioambiental en España.


Se han realizado en España diferentes estudios sobre su incidencia en los colmenares y en la producción apícola. No es el tema de este post, pero te los dejo a continuación por si te interesa conocer el tema: incidencia en Extremadura (Universidad de Extremadura, 2007); incidencia en Andalucía ( Orantes Bermejo et. col.; 2004) e incidencia en la provincia de Huesca ( Laplaza et.col.; 1997).

Pero, ¿qué tienen que ver los abejarucos con esta enfermedad de las abejas denominada Nosemosis ?

Sabemos que los abejarucos se alimentan en buena medida de abejas y que son aves  migratorias: pasan el invierno en África y vienen a España y Europa a reproducirse en primavera y verano, volviendo al continente africano por el mes de Septiembre.

Pues bien, los investigadores del Centro Apícola Reginonal de Marchamalo han estudiado el papel de los abejarucos en distintos aspectos epidemilógicos de la Nosemosis tipo C causada por  Nosema ceranae habiendo comprobado que las egagrópilas que expulsan estas aves tras alimentarse pueden convertirse en fuente de infección para otras abejas, actuando como fómites de esporas viables e infectantes de este microsporidio (Higes et. col.; 2008). También han comprobado que estas aves, con sus movimientos migratorios y desplazamientos, podrían jugar un papel importante en las dispersión de la enfermedad por todo el mundo (Valera et.col.; 2011)

EGAGRÓPILAS DE ABEJARUCOS Y ESPORAS DE NOSEMA CERANAE

Nosema ceranae es causante de la Nosemosis tipo C de las abejas, una de las señaladas como posible causa del Síndrome de Despoblamiento o CCD, y hay que recordar que el hospedador natural de este agente patógeno de las abejas es Apis cerana, la abeja de Asia. ¿Cómo ha llegado este patógeno a nuestra abeja (Apis mellifera) y se ha dispersado por todo el mundo? Se ha propuesto que a través de los intercambios comerciales de abejas infectadas, material apícola contaminado con esporas, comercio internacional de jalea real o a través del polen corbicular; sin embargo, los investigadores del Centro Apícola Regional de Marchamalo nos proponen, sin excluir estas vías, al abejaruco como un elemento clave en la dispersión mundial de la enfermedad.

En relación a las enfermedades de las abejas, y para poder realizar investigación aplicada y aportar soluciones y propuestas prácticas, reales y viables a los apicultores, los científicos deben llevar a cabo en primer lugar lo que se conoce como investigación básica, que permita el conocimiento profundo y teórico del proceso patológico. En esta línea se enmarcan estos trabajos realizados por los investigadores del Centro Apícola Regional de Marchamalo en cuanto a la relación entre los abejarucos y la nosemosis de las abejas. Con ello tratan de conocer e identificar los factores de transmisión de la enfermedad que permitan comprender su epidemiología, aún muy desconocida en lo que a Nosema ceranae se refiere, para tratar de explicar su amplia distribución y dispersión actual. La investigación básica no siempre es bien comprendida por aquellos que exigen respuestas rápidas a los investigadores, como suelen ser los apicultores, organizaciones profesionales (OPAs), representantes de cooperativas... y los gestores económicos de las partidas presupuestarias que en España se dedican a investigación apícola, pero es fundamental que se realicen para poder aportar soluciones prácticas a los problemas de sanidad apícola que se planteen.

El abejaruco habita normalmente el norte de África, sur de Europa y oeste de Asia, pero últimamente se le ha visto por Europa Central  y Gran Bretaña.

Los fómites son objetos inanimados capaces de albergar agentes patógenos y colaborar en su dispersión. Este es el caso de las egagrópilas de los abejarucos, que han sido estudiadas por este equipo de investigadores, encontrando que las esporas de Nosema ceranae halladas en estas egagrópilas permanecen viables, con poder infectante, incluso 18 días tras su recolección, lo cual comprobando infectando experimentalmente y de manera exitosa abejas de 8 días de edad.

¿Qué son las egagrópilas? (foto de arriba)en España su dieta se basa fundamentalmente en abejas en un 69.4-82 % (Martínez, 1984). Tras alimentarse, hay algunas partes de estas abejas que no pueden digerir, correspondientes a los elementos quitinosos y duros que conforman el exoesqueleto, porciones que son expulsadas al exterior en forma de una especie de bola u amasijo de ellas, de color negruzco y de un tamaño aproximado de 18-25 x 8-15 mm. Algo similar realizan algunas rapaces. Como los abejarucos son muy “descarados”, les gusta a veces dejarlas sobre las tapas de las colmenas- ¡un regalito para el apicultor!- yo las encuentro a menudo en las mías, parecen excrementos de pequeños mamíferos, pero si las observas detenidamente podrás observar distintas partes de las abejas, como las patas. En la foto de abajo puedes observar un abejaruco expulsando una.

Estas egagrópilas son expulsadas cerca de los nidos, en las zonas de alimentación o incluso en vuelo. Los abejarucos, en sus rutas migratorias, utilizan los colmenares de las zonas por donde van pasando como lugares de parada y alimentación, lo que justificaría la posibilidad de dispersión de la enfermedad por esta vía.

 He observado curiosos comportamientos de las abejas en mis colmenas tratando de retirar estas egagrópilas de las tapas, incluso algunas abejas las atacaban de forma clara.

A continuación puedes ver un vídeo de un abejaruco (una especie distinta a la que tenemos en España) expulsando una de ellas.


En todas las muestras de egagrópilas analizadas por este grupo de trabajo se detectó Nosema ceranae, no así en las muestras de heces de abejarucos que también se comprobaron, por lo que el proceso digestivo del ave podría dañar las esporas, aunque también podría deberse al escaso número de muestras analizadas. La abejas inoculadas experimentalmente con las esporas aisladas de las egagrópilas murieron a los 21 días, sin signos de diarrea. Se estudió también la evolución en el tiempo de la carga parasitarias y viabilidad de las esporas en las egagrópilas, comprobando que con el tiempo la carga de esporas disminuye pero se mantiene la viabilidad de las que permanecen.

DISPERSIÓN A GRAN ESCALA DE NOSEMA CERANAE POR LOS ABEJARUCOS

Tras este primer trabajo en 2008 sobre la presencia y viabilidad de las esporas de Nosema ceranae en las agagrópilas, el equipo de Marchamalo estudió en 2011 y en mayor profundidad la posibilidad de dispersión de la enfermedad a gran escala por parte de estas aves.

Esporas de Nosema apis y Nosema ceranae vistas al microscopio
Foto: W. F. Huang

En este trabajo, los investigadores encontraron gran cantidad de esporas viables de Nosema cernae en egagrópilas de España, Europa Central y Asia Central, pero tan sólo en una localización de España encontraron Nosema apis, y también en Nosema bombi. Parece ser que se está produciendo un desplazamiento en la ocurrencia y aparición de Nosema apis a favor de Nosema ceranae, lo que lleva a los autores a referirse a la enfermedad producida por este último como Nosemosis tipo C, una enfermedad emergente. También encontraron esporas no viables en los nidos de las aves, y los autores concluyen, entre otras cosas, que los abejarucos, al ingerir gran cantidad de abejas infectadas, estarían contribuyendo a disminuir la fracción de abejas infectadas en las colonias. No obstante, señalan que esto debe ser investigado en mayor profundidad, pues se desconoce como afecta, entre otras cosas, la infección por Nosema ceranae a la capacidad de vuelo y si se produce realmente una predación selectiva hacia abejas infectadas

Esta propuesta de dispersión de la enfermedad por los abejarucos no tiene nada de extraña, de hecho esta vía de difusión de enfermedades ha sido demostrada en casos como el de la Gripe Aviar o la Enfermedad del Oeste del Nilo, donde otras aves juegan un papel importante.
Mapa: en amarillo, zonas de cría del abejaruco; en azul, zonas de invernada

Durante los períodos de cría los abejarucos se alimentan en un radio de 5 km alrededor de sus colonias, por lo que la dispersión de la enfermedad se produciría en sus viajes migratorios de primavera y otoño. La alta velocidad en sus viajes hace recorrer a estas aves hasta 500 km en un día. Este hecho, unido a una alta viabilidad de las esporas en las egagrópilas de hasta 18 días además de una gran resistencia a las altas temperaturas y la desecación (no a la congelación), explicarían la amplia y efectiva dispersión de la enfermedad. Nosema ha sido detectado en la isla de Ouessant, en Francia, libre de varroa debido a un fuerte aislamiento y control de entradas desde 1976, por lo que la vía de los abejarucos parece ser una posibilidad.

Esta posibilidad de dispersión existe también por otras aves en el caso del continente americano, donde no existen abejarucos, pero existen otras aves que se alimentan de abejas y podrían jugar un papel similar.

La información necesaria para la elaboración de este artículo ha sido extraída en su mayor parte de los dos artículos referenciados abajo, fruto del trabajo investigador de los autores de los mismos.

REFERENCIAS:



2 comentarios:

Anónimo dijo...

yo soy apicultor aficionado,y en uno de mis colmenares tengo muchos abejarucos,y esi es la naturaleza,jamas matare a ninguno,siempre han estado alli,y asi debe de seguir siendo,no podemos transformar la naturaleza para nuestro propioy unico interes,habra que vuscar la manera de convivir con las otras especies,y sacrificarnos un poco todos,no somos los dueños de la naturaleza,somos parte de ella

pepenosela dijo...

Mi problema no son los abejarucos, que no llegan a mi colmenar. Los mayores depredadores de abejas están siendo los vencejos, así que hay para todos.
Muy interesante tu post. Un saludo.

Mi foto
P.David Quesada
Extremadura, Spain
Me licencié en Veterinaria,especialidad de Zootecnia y Producción Animal, aunque siempre me interesé por animales y seres más propios de un biólogo. Me embeleso, casi medito, observando el ir y venir de las abejas por la piquera y escuchando el zumbido del colmenar.
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